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Salinas, el hombre le sienta bien a la naturaleza

La bahía de Cádiz fue el epicentro europeo de la venta de sal con 171 salinas activas entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XX. Pero, de las 5.373 hectáreas que antaño eran marismas adaptadas a esta actividad, cuatro salinas artesanales sobreviven en la bahía, más la de Iptuci, ubicada en pleno parque de Los Alcornocales, que luchan por mantener un oficio unido a un lenguaje y cultura propios.La familia Armenteros con salinas en El Puerto, San Fernando y Puerto Real, y Marítima de Sales, son ejemplos de una voluntad de permanencia del oficio salinero. El color rosado, que el agua hipersalina alcanza poco antes de su cristalización, habla también de la riqueza biológica que es capaz de sostener la actividad. Las salinas de Cádiz son uno de esos escasos ejemplos en los que el hombre le sienta bien a la naturaleza. Y así seguirá mientras no desfallezcan esos pocos que se niegan a dejar perder el oficio que dio fama, trabajo y dinero a generaciones de gaditanos durante cientos de años.


Fuente: El país

Salinas, el hombre le sienta bien a la naturaleza

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